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Durante el pasado año recordaréis que se habló en más de un momento de la posibilidad de instalar cockpits cerrados en la Fórmula 1. Tras accidentes como el de Romain Grosjean en Spa, en el que pasó el Lotus muy cerca del casco de Fernando Alonso (o el grave accidente de Felipe Massa en Hungaroring), la FIA se propuso estudiar la posibilidad de mejorar aún más la protección de la cabeza, en este caso utilizando soluciones que ya se pusieron en marcha en competiciones como la NHRA.

Tras una reunión en la que se dieron cita los principales dirigentes de la Fórmula 1, se decidió descartar la idea de los cockpits cerrados o de las estructuras de protección sobre el morro del monoplaza porque eran “extremadamente feos”. Obviamente ahora a “toro pasado” es fácil pensar en que ésta solución podría haber hecho que las lesiones sufridas por Jules Bianchi podrían haber sido menos severas, pero en ese momento, tanto Bernie Ecclestone u hombres como Christian Horner, Ross Brawn o Martin Whitmarsh la rechazaron en pleno y el proyecto de desarrollo llevado por el FIA Institute se paró.

Es un buen momento para tomar medidas. Que al igual que el accidente de Dan Wheldon obligó a rediseñar los monoplazas de la IndyCar para hacerlo menos propensos a coger vuelo y chocar contras las vallas de protección de los circuitos ovales, tal vez en los Open Wheel se debería tomar la decisión de implantar cockpits cerrados como ya sucede en los LMP1 de Le Mans. Solución que también se está estudiando en la competición de monoplazas más importante en Estados Unidos. ¿Hora de desempolvar el proyecto Todt?

Vía | RACER

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